el día que me convertí en culo
by vicente forte sillié
He quedado reducido y traducido a y como un orificio escatológico, redundante en bramidos fecales y bufidos pestilentes, estruendoso en inextricables elucubraciones y revestido de inconformes pliegues impregnados de salobres pelos contumaces que saben a riel de ferrocarril. Eso soy y encuentro en la estructura que no tiene reflejo, donde existe el espejismo: la imagen se bifurca, se desdobla, una engañando desde la verdad de mi espíritu, la otra desde mi falsa apariencia. Es decir por fuera soy hombre; por dentro, un culo. Y sin darle importancia a tales imprecisiones que considero técnicas, deseo ir más allá, depurarme. Evolucionar en la carrera hacia la involución de las esencias que me es la única posible y verme proyectado en el espejo, solamente yo y el duplicado a mí, gangrenado en los limites untados de la semilla de un eructo de cerdo, la absurda omnipresencia de un embarazo utópico repleto de bolo alimenticio, la sorda fermentación del útero de una uña encarnada. Y desde allí, asaltarme más allá, y otro allá, otro y otro, desafiando cuadrados, leyes y rediles hasta lindar y agredir confusamente los sinónimos de tard�o retroceso en la b�squeda de la animalidad predominante, estancamiento de todo átomo, perdida del fototropismo ansioso, miasma eyaculativa, necia inmovilidad. Reconozco que no es una tarea fácil y que tiene sus complicaciones. Hacer practicable, o más bien, impracticable, lo refracto por el tirabuzón eléctrico atornillado a lo maleable y abstracto de una idea, no es empresa sencilla, más laberíntica aún, si dicha empresa no es tal, pues se pretende desatornillar dicho sacacorchos al campo de lo eficaz. Darse cuenta de la inutilidad de bajar los momentos por las curvas que parsimoniosamente los circundan, siguiendo el porvenir de sus bordes, para tirarse de forma desordenada, a veces rodando por sus escarpadas laderas, cayendo pero llegando, no es liviano de digerir. Y que se entienda que no es cosa de niños, o quizás precisamente lo es, aceptar como puro lo que sin miramientos ha sido decretado por todos como impuro: pesimismo, omisión, negligencia, inmutabilidad.
Es cierto que todos los seres inmersos de pensamiento, raciocinio, se apoyan en el resignado bastón de que todo alfa, todo principio tiene lógicamente un final, donde el significado radica en la finalidad depositada entre uno y otro; yo aseguro sin miedo a empobrecer alguno de mis mugidos, que todo principio no es más que todo final, y que este último es la finalidad que le da sentido a sí mismo. Y es allí, en ese final, donde me regodeare en catalepsia, me aparearé con la nada, y llegaré a ser mi propio y único Dios existente. Pues ese será el día en que el automatismo literario me convierta en un ano estriado, en un culo campante, triunfante y pulido.
© vicente forte sillié 1996.